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In Memoriam

El pasado martes, 29 de noviembre, se cumplieron 25 años del fallecimiento de MANUEL CHIAPUSO HUALDE, histórica figura del anarquismo vasco. Manuel, donostiarra, nacido en 1912, falleció a los 85 años, a consecuencia de un accidente de tráfico, dejando atrás una vida llena de experiencias como activista revolucionario, propagandista y escritor. Tuve ocasión de conocer a Manuel Chiapuso el 14 de octubre de 1986, con ocasión del cincuentenario de ‘la revolución’, en un ciclo de debates organizado por la CNT en Bilbao. Ese día, martes, estaba prevista la intervención del capitán de gudaris Joseba Elosegi, histórico jeltzale, y de Manuel Chiapuso, que durante el periodo 1936-1937 había sido la figura más relevante del Comité Regional de Euskadi de la CNT. Por entonces yo tenía solo 17 años, pero ya estaba muy interesado en conocer todo lo relativo a la Guerra Civil en Euskadi, así que acudí en compañía de mi amigo Gorka Abrisketa Andrés. Poco antes de comenzar el acto, los organizadores comunicaron que Joseba Elosegi había excusado su asistencia, pienso que tal vez por motivos de salud o por la crisis por la que en ese momento estaba pasando su partido, el PNV, y en la que él optó por irse a Eusko Alkartasuna. El caso es que Chiapuso fue el único ponente de ese día y nos contó, desde su perspectiva, cual había sido la contribución del anarquismo vasco a la resistencia contra los militares golpistas primero y contra el ataque del ejército franquista después, en Euskadi. Explicó las tiranteces y desavenencias que había habido con el Gobierno Vasco en torno al cierre del diario ‘CNT del Norte’ y sus consecuencias. Y tuvo unas palabras de elogio y recuerdo para la revista libertaria ‘Horizontes’ de la que él había sido redactor: hablaba de la buena calidad de la impresión de sus fotografías; de la variedad de los artículos; y de la pena que le daba que la colección de esa revista se hubiera perdido para siempre, y eso lo decía sin saber que afortunadamente sí que se han conservado hasta hoy todos los números de la revista. Tras su intervención vino el turno de preguntas donde, en respuesta a un participante, defendió que en Euskadi la Iglesia vasca estuvo más cerca del pueblo que en otros lugares. Por mi parte le hice dos preguntas. La primera, ahora pasado el tiempo creo que le incomodó: le pregunté por el incendio de Irún por los anarquistas, previo a la caída de la ciudad fronteriza en manos de los rebeldes, a lo que Chiapuso me contestó que efectivamente así había sido, pero le quitó importancia al hecho explicando que el fuego sólo había afectado a una manzana de casas. La segunda pregunta, más general, fue saber su opinión sobre el Cinturón de Hierro, a lo que me respondió que sus compañeros le habían transmitido que el cinturón había resultado ineficaz, además de haber estado dirigida su construcción por un traidor, refiriéndose a Goicoechea. Finalizado el acto, nos dirigimos hacia su mesa, a fin de saludarle y pedirle un autógrafo. Amablemente nos lo firmó en un cuaderno que llevaba Gorka. Aproveché para hacerle algún comentario sobre las diferencias entre su relato sobre la caída de Bilbao en su libro `Los anarquistas y el Gobierno Vasco’ y la versión del periodista George Steer en ‘El árbol de Guernica’. Chiapuso me contestó que Steer no se había portado bien con los anarquistas en su libro, que no había sido justo con ellos y que no había que hacerle caso en todo lo que decía. Le noté un poco serio en su respuesta, contrariado o tal vez cansado, mientras recogía sus papeles de la mesa. No lo volví a ver más en persona, aunque sí en televisión, en un debate. Años después tuve conocimiento de su fallecimiento por mi amiga Sylvia Astoreka Corral, ya que su padre, Iñaki, era persona cercana a Chiapuso y había pasado con él sus últimas horas en el hospital. Sirvan estos recuerdos como recordatorio. Que descanse en paz.



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